domingo, 25 de enero de 2026

El dolor como mensajero

 


El dolor como mensajero

No nos gusta el dolor. Vivimos en la sociedad de la anestesia, del parche analgésico. Pero el dolor no viene para que lo evadas. Viene para avisarte de que tienes un asunto pendiente contigo mismo. Es el despertador del sueño de la vida. Hay algo que tienes que resolver dentro de ti y que, si no afrontas y lo tapas, te volverá a asaltar a la vuelta de la esquina en forma de nuevos problemas.

No es cómodo parar y dirigir la mirada al interior. El miedo nos paraliza y por eso lo cubrimos con capas de distracción. Siempre hay algo que hacer. Una excusa en nuestro camino. Sucede que esas creencias que hemos adoptado como verdades absolutas se tambalean. Es como ir quitando cartas en un castillo de naipes. El derrumbe de los pilares sobre los que has asentado tu vida es inevitable. Pero es algo necesario para construir unos nuevos cimientos. Esos que te permitirán crecer y manifestar el potencial que llevas dentro.

La vida es cuestión de elección. Tú decides si esperar al asalto definitivo, que es la encrucijada vital del todo o nada, cuando ya no te quedan más naves que quemar en forma de distracciones y la cuestión es salir a flote o hundirse. O si prefieres una demolición controlada de lo que tiene que irse para que llegue lo nuevo. Lo hagas de una forma u otra, tendrás que dejar de lado ir en piloto automático, empezar a auto-observarte. Observar tus pensamientos sin dejarte arrastrar por ellos y rodearte de silencio.

Decidas lo que decidas, hay una cuestión esencial: perdonarte, aceptarte y abrazarte. Puede que no te guste lo que te devuelve el espejo, pero ha sido parte de tu viaje y has de honrarlo como tal. Suelta el rencor hacia ti y hacia otros. Perdonar es liberarse de la carga, no es olvidar. Deja marchar de tu vida al juicio, a la culpa y a la condena.

Abrázate en silencio, pues solo desde el silencio tendrás espacio para ahondar en ti. Llora si es necesario, pero no te victimices ni te castigues. La travesía por el desierto es un viaje en solitario que todos tenemos que hacer, tarde o temprano, y en el que vamos dejando esas cargas que hemos llevado demasiado tiempo sobre nuestros hombros.

Al final la elección trata de si escoger el amor o el miedo como guía de vida. El miedo conduce al repliegue sobre uno mismo. Al egoísmo. Al achicamiento. A la estrechez de miras. A vivir en modo de supervivencia atisbando sombras en el horizonte. El amor conduce a la mejor expresión de ti mismo, a la expansión, a ver posibilidades por todos lados, a la cooperación, al altruismo y al crecimiento imparable.

Si escoges el amor, sembrarás creencias que te hagan mirar en esa dirección. Y aunque surjan desafíos y problemas, tu mirada sabrá verlos desde otra perspectiva: como una maestría de vida y no como un inconveniente al que maldecir. Si escoges el miedo, seguirás la senda conocida: la del juicio, la culpa y la amenaza. Seguirás siendo la víctima de tu vida. La elección siempre es tuya.

@ana.escritora.terapeuta



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