No
hace mucho me topé mirando un vídeo de Sarab Rey* con los dos mandamientos de
la biblia satánica. Me llamó muchísimo la atención porque hasta entonces no
sabía que existiese tal cosa. Los dos mandamientos son los siguientes:
¾Tu voluntad es ley.
¾Eres una estrella.
En
esos momentos me voló la cabeza. Porque esos dos mandamientos son máxima
expresión del “mi mismo” o empoderamiento. Até cabos e hice conexiones mentales
y, entonces, lo vi con una claridad meridiana. Ese concepto de adoración al
universo, de que el universo es un fiel plasmador de tus deseos, de que tú y yo
somos, según esta cosmovisión, chispas divinas, fractales de una fuente que
solo busca experimentarse a sí misma a través de diferentes realidades.
Desde
esta perspectiva seríamos cocreadores de realidad junto a este universo, al que
solo tendríamos que darle las órdenes correctas para manifestar nuestros
sueños. Nosotros le diríamos qué queremos y él nos respondería con el cómo y
con qué medios o caminos obtenerlo. Nuestros esfuerzos tendrían que ir en la
dirección de:
¾Mantener el nivel de vibración energética adecuado a toda costa.
¾Lograr la coherencia entre hacer, decir y sentir.
¾Expresar nuestros deseos de la forma adecuada.
Poco
a poco la atención se va enfocando en el “ti mismo” y te va adentrando en una
disciplina férrea de autocontrol. Sea como sea tienes que esforzarte en que
nada de lo de afuera arruine tu estado energético. Traducido al lenguaje común
es “que nada ni nadie me arruine el día ni me aparte de lo que yo quiero”. Pero
una cosa es el autodominio sano que te permite mantener el equilibrio y otra,
el escoramiento obsesivo que te lleva a blindarte y meterte en una burbuja
defensiva contra todo viento que sople en contra.
Pasa
que después de un tiempo, esa realidad perseguida no aterriza a tierra.
Entonces viene la frustración, mirar con lupa los fallos y buscar técnicas y
métodos para manifestar. Abres las redes sociales y zas: “manifiesta de manera
directa y rápida”, “el método infalible para encontrar el éxito”, “lo que
sabotea tu manifestación y no lo sabes”. Quién sabe lo que has podido hacer
mal: lo mismo has tenido fugas a nivel energético, lo mismo es que no has sido
coherente y te has desdicho, o lo mismo es que no lo has expresado como se
debe. En cualquier caso, la culpa es tuya porque tuya es la responsabilidad de
manifestar tu divinidad. Y vas engrosando el día a día con un sinfín de
técnicas y herramientas. Ahora sí, seguro que con esto otro y lo de más allá lo
consigues. Pero es un espejismo que no tardará en desvanecerse.
Estás
atrapado ya en el primer mandamiento, tan ofuscado en materializarlo que no te
das cuenta de que algo falla. De que, a lo mejor, las cosas no son como te las
cuentan. De que hay un lucrativo negocio detrás de todo esto. No pasa nada, tú
eres una estrella que tiene que brillar y te estás abriendo camino.
Analicemos:
¾Un Dios creador tendría que ser omnisciente, omnipotente y
omnipresente, ¿cómo es eso de que tiene que experimentarse a sí mismo y te
necesita a ti para eso?
Y
si aceptamos por un momento esa premisa, la lógica misma empieza a hacer aguas:
¾Si resulta que eres un fractal de esa fuente divina y te da por
matar para experimentar esa realidad, ¿acaso eso no implicaría una disolución
entre el bien y el mal?
¾¿Acaso no entrarías en conflicto con los deseos de otras chispas
divinas que buscan experimentarse a sí mismas?
¾¿Cuál es el límite de experimentarse a sí mismo?
Y
volviendo a la figura de ese Dios que te necesita para manifestarse:
¾¿Qué Dios te da esa tremenda responsabilidad y se hace a un lado
para que tú te rompas la cabeza hasta encontrar la fórmula mágica para que tú
manifiestes tu divinidad interior?
¾¿Qué Dios está a tu servicio para que tú cumplas tus sueños? ¿Os
imagináis a un padre al servicio de sus hijos para que cumplan sus deseos?
“Haced lo que deseáis, hijos míos”.
Y
si nos vamos al ámbito de la experiencia humana:
¾¿Por qué y para qué nuestro cerebro está diseñado con neuronas
espejo? Si tener este tipo de células cerebrales nos predispone a sentir
empatía hacia el otro, a dolernos hacer el mal, ya tenemos un diseño prefijado
que limita experimentarnos en todas las situaciones habidas y por haber.
¾¿Por qué conseguir un proyecto o propósito solo nos da una
satisfacción momentánea que nos lleva a no dejar de ir tras ellos? Detrás de un
propósito cumplido viene otra larga lista de ellos.
¾¿Por qué la mayor satisfacción que podemos experimentar en la vida
está en servir y no en ser servidos? ¿Y por qué esta realidad choca de lleno
con el segundo mandamiento de “eres una estrella”?
Hago
estas preguntas no para tratar de convencerte de nada sino para que reflexiones
sobre este tipo de filosofía y herramientas tan de moda, para que te hagas tus
propias preguntas ahora que muchos repiten lo mismo. Y no, no todos los caminos
llegan a Dios.
(*)
Sarab Rey: antropóloga, especialista en neurobiología, ex ocultista y recién
convertida al cristianismo.
@ana.escritora.terapeuta
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