martes, 11 de agosto de 2026

No todos los caminos te llevan a Dios.



No hace mucho me topé mirando un vídeo de Sarab Rey* con los dos mandamientos de la biblia satánica. Me llamó muchísimo la atención porque hasta entonces no sabía que existiese tal cosa. Los dos mandamientos son los siguientes:

¾Tu voluntad es ley.

¾Eres una estrella.

En esos momentos me voló la cabeza. Porque esos dos mandamientos son máxima expresión del “mi mismo” o empoderamiento. Até cabos e hice conexiones mentales y, entonces, lo vi con una claridad meridiana. Ese concepto de adoración al universo, de que el universo es un fiel plasmador de tus deseos, de que tú y yo somos, según esta cosmovisión, chispas divinas, fractales de una fuente que solo busca experimentarse a sí misma a través de diferentes realidades.

Desde esta perspectiva seríamos cocreadores de realidad junto a este universo, al que solo tendríamos que darle las órdenes correctas para manifestar nuestros sueños. Nosotros le diríamos qué queremos y él nos respondería con el cómo y con qué medios o caminos obtenerlo. Nuestros esfuerzos tendrían que ir en la dirección de:

¾Mantener el nivel de vibración energética adecuado a toda costa.

¾Lograr la coherencia entre hacer, decir y sentir.

¾Expresar nuestros deseos de la forma adecuada.

Poco a poco la atención se va enfocando en el “ti mismo” y te va adentrando en una disciplina férrea de autocontrol. Sea como sea tienes que esforzarte en que nada de lo de afuera arruine tu estado energético. Traducido al lenguaje común es “que nada ni nadie me arruine el día ni me aparte de lo que yo quiero”. Pero una cosa es el autodominio sano que te permite mantener el equilibrio y otra, el escoramiento obsesivo que te lleva a blindarte y meterte en una burbuja defensiva contra todo viento que sople en contra.

Pasa que después de un tiempo, esa realidad perseguida no aterriza a tierra. Entonces viene la frustración, mirar con lupa los fallos y buscar técnicas y métodos para manifestar. Abres las redes sociales y zas: “manifiesta de manera directa y rápida”, “el método infalible para encontrar el éxito”, “lo que sabotea tu manifestación y no lo sabes”. Quién sabe lo que has podido hacer mal: lo mismo has tenido fugas a nivel energético, lo mismo es que no has sido coherente y te has desdicho, o lo mismo es que no lo has expresado como se debe. En cualquier caso, la culpa es tuya porque tuya es la responsabilidad de manifestar tu divinidad. Y vas engrosando el día a día con un sinfín de técnicas y herramientas. Ahora sí, seguro que con esto otro y lo de más allá lo consigues. Pero es un espejismo que no tardará en desvanecerse.

Estás atrapado ya en el primer mandamiento, tan ofuscado en materializarlo que no te das cuenta de que algo falla. De que, a lo mejor, las cosas no son como te las cuentan. De que hay un lucrativo negocio detrás de todo esto. No pasa nada, tú eres una estrella que tiene que brillar y te estás abriendo camino.

Analicemos:

¾Un Dios creador tendría que ser omnisciente, omnipotente y omnipresente, ¿cómo es eso de que tiene que experimentarse a sí mismo y te necesita a ti para eso?

Y si aceptamos por un momento esa premisa, la lógica misma empieza a hacer aguas:

¾Si resulta que eres un fractal de esa fuente divina y te da por matar para experimentar esa realidad, ¿acaso eso no implicaría una disolución entre el bien y el mal?

¾¿Acaso no entrarías en conflicto con los deseos de otras chispas divinas que buscan experimentarse a sí mismas?

¾¿Cuál es el límite de experimentarse a sí mismo?

Y volviendo a la figura de ese Dios que te necesita para manifestarse:

¾¿Qué Dios te da esa tremenda responsabilidad y se hace a un lado para que tú te rompas la cabeza hasta encontrar la fórmula mágica para que tú manifiestes tu divinidad interior?

¾¿Qué Dios está a tu servicio para que tú cumplas tus sueños? ¿Os imagináis a un padre al servicio de sus hijos para que cumplan sus deseos? “Haced lo que deseáis, hijos míos”.

Y si nos vamos al ámbito de la experiencia humana:

¾¿Por qué y para qué nuestro cerebro está diseñado con neuronas espejo? Si tener este tipo de células cerebrales nos predispone a sentir empatía hacia el otro, a dolernos hacer el mal, ya tenemos un diseño prefijado que limita experimentarnos en todas las situaciones habidas y por haber.

¾¿Por qué conseguir un proyecto o propósito solo nos da una satisfacción momentánea que nos lleva a no dejar de ir tras ellos? Detrás de un propósito cumplido viene otra larga lista de ellos.

¾¿Por qué la mayor satisfacción que podemos experimentar en la vida está en servir y no en ser servidos? ¿Y por qué esta realidad choca de lleno con el segundo mandamiento de “eres una estrella”?

Hago estas preguntas no para tratar de convencerte de nada sino para que reflexiones sobre este tipo de filosofía y herramientas tan de moda, para que te hagas tus propias preguntas ahora que muchos repiten lo mismo. Y no, no todos los caminos llegan a Dios.

(*) Sarab Rey: antropóloga, especialista en neurobiología, ex ocultista y recién convertida al cristianismo.

@ana.escritora.terapeuta

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