lunes, 23 de marzo de 2026

Capítulo 2. Eli





Adoraba a su hija. Para ella era perfecta tal y como era. Un auténtico milagro en su vida cuando sus esperanzas de concebir ya estaban en el vertedero de los sueños rotos. “No es posible. Lo sentimos”, le habían certificado desde la unidad de reproducción asistida. Escupió esas palabras. Se dijo así misma que ella sería madre casi sin darse cuenta. Y lo cumplió. Después de dos faltas y casi apurando una tercera, se hizo la prueba del embarazo y dos rayitas la hicieron radiar de ilusión. Sintió que todo se paraba, que colgaba de un instante de felicidad suprema que solo era suyo y se asió de él. Ni un solo “¿Y si…?” se le coló porque no había espacio para nada más.

Ahora la miraba mientras dormía. Le gustaba contemplarla antes de que sus ojos se abrieran. Se le escapó un suspiro y una reflexión con toque amargo: “Un ángel en un mundo de sombras”.

Eli empezó a sacudirse poco a poco del sueño hasta abrir los ojos y encontrarse con los ojos de su madre.  

—¡Mami! ¿Llevas mucho tiempo ahí?

—Hola, cariño. Hoy que podías dormir te despiertas temprano. 

—¡Es que se me ha terminado el sueño!

—¿Y qué has soñado?

—He visto a una mujer rodeada de libros y niños. Ha sido divertido. 

—¿Y tú qué hacías?

—Me subía a un libro y volaba montada en él. Estábamos en el desierto cuando el libro me llevó de vuelta a mi habitación.

Amelia se emocionaba con la viveza imaginativa de su hija. La traía de vuelta al territorio mágico de la infancia. Y aunque solo fueran instantes, se sentía volar con su hija. La abrazó y se fue a preparar el desayuno. Su marido, aprovechando que era día festivo, había salido con la bici; así que estaban solas en casa.

Preparó unas tortitas en la sartén y un zumo de naranja. Estaba colocando la mesa cuando sintió los brazos de Eli rodeando sus piernas. 

—¡Mamá! ¡Te quiero mucho!

—Yo también, cariño —le contestó bajando a su altura para devolverle el abrazo—. Venga siéntate, que después de comer vamos a salir.

—¿A dónde?

—No sé. ¿Al parque?

—¡Vale! El parque está bien.

Desayunaron sin prisas, contemplando cómo agitaba el viento las copas de los árboles tras los cristales. No era un día apacible de primavera. Pero era un día libre del calendario y había que apropiarse de él. 

Eli no quiso llevarse nada, así que salieron sin más hacia el parque. Al doblar la esquina, Eli se detuvo como pensando. Lo hacía a menudo, se paraba y parecía estar en su mundo. Como no había prisa, Amelia esperó. Esta vez no quería interrumpirla.

—No vamos a ir al parque de aquí al lado.

—¡Ah, no! —exclamó sorprendida Amelia—. ¿Dónde quieres que vayamos?

—Al parque viejo.

—Nos pilla un poco retirado, pero hoy nos lo podemos permitir. ¿Por qué quieres ir allí? 

—No lo sé, sólo sé que quiero ir allí.

Reanudaron su camino y pasaron de largo aquel parque. Amelia sólo la había llevado una vez el año anterior. Era un parque solitario y descuidado. No solía haber niños y no tenía nada atractivo para ellos. Cuando llegaron solo había una mujer mayor que parecía meditar con los ojos abiertos. 

Amelia se sentó en un banco, lejos de la mujer. Se había llevado un libro. Le gustaba disfrutar de esos momentos robados al tiempo para leer. Eli se tiró al suelo para jugar con la arena. 

Una imagen surcó la mente de Amelia y la sacó de su lectura. Sus músculos se tensaron nada más recordarlo. Era la última entrevista que tuvo con la tutora de Eli. “Su hija no puede seguir así”, esas palabras le pincharon como espinas y le volvían a pinchar ahora. Su corazón se contrajo con esa mueca de frialdad que recordaba en ese rostro de mármol. La tristeza la invadió hasta apoderarse de ella. Miró a su hija. Estaba tan absorta montando montículos de arena, tan ajena al mundo que se tejía a su alrededor. “Su hija no puede seguir así…” “¿Así cómo? ¿Tan feliz?” 

Un solo instante y dos mundos. Amelia estaba absorbida por uno, Eli vivía inmersa en otro. Madre e hija juntas, pero cada una en su mundo. 

Unos pasos lentos y acompañado de un bastón se iban acercando. Una voz sacó a Amelia de su aturdimiento.

 @ana.escritora.terapeuta

Capítulo 1. Encuentro en el parque 

 

Suscríbete para recibir notificaciones de nuevas publicaciones

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Capítulo 2. Eli

Adoraba a su hija. Para ella era perfecta tal y como era. Un auténtico milagro en su vida cuando sus esperanzas de concebir ya estaban en el...