domingo, 31 de mayo de 2026

La librería de los sueños. Capítulo 12. Otros mundos.

 



La vida en la librería había virado de rumbo. Contra todo pronóstico Aruma e Ishaan habían congeniado tan bien que ya eran uña y carne. Eleonor lo aprovechó para llevar al muchacho a su terreno. Le era más fácil tirar de Aruma. La niña tenía un encanto especial que sabía suavizar su carácter. Elida sentía que sus días se llenaban de sentido. Ya no era una anciana que regentaba una librería en recuerdo a su marido, sino una mujer llena de ilusión que tenía una familia que no dejaba de crecer. 

Una tarde, mientras Eleonor e Ishaan estaban absortos en sus lecturas, Aruma no dejaba de deambular de un lado a otro de la estancia. Sus ojos se posaban ávidos sobre los libros de los estantes. Parecía como si leyeran algo. De repente se paró en seco, pegó un salto en el aire y exclamó con la alegría de quien descubre algo:

—¡Ya está! Cada libro, una puerta; cada puerta, un niño.

Eleonor e Ishaan la miraron perplejos. La joven permaneció sentada, pensativa; pero Ishaan se levantó y se dirigió hacia ella.

—Aruma, ¿pero qué dices?

—Que los libros son puertas y que sólo los niños pueden pasar por ellas. ¡Está claro!

—¿Y cómo lo sabes?

—¡Lo sé! —le contestó la niña encogiéndose de hombros. 

—¿Y cómo pasamos? ¡Lista! 

—¡Pues pasando! —los ojos de la niña lo miraban con incredulidad. 

Eleonor reaccionó y se acercó a Aruma. Sus ojos tenían un brillo diferente. Poco a poco había ido abriendo su mente a los contornos de lo desconocido. Sus resistencias internas habían quedado reducidas a cenizas. Sabía que sobre esas cenizas se tenían que levantar los cimientos para un nuevo mundo. Una esperanza renovada palpitaba en su corazón.

—Aruma, hazlo —le exhortó llena de fe. 

—¿Cómo lo va a hacer? ¡Estás loca de remate! —le contestó Ishaan contrariado.

—¡Puedo hacerlo! Ya verás… Después de mí, cuando vuelva, vas tú. 

La niña se acercó a un libro de pasta azul, cerró sus ojos y alzó su mano hasta tocarlo. Eleonor e Ishaan la escoltaban con su mirada. Sus ojos, fijos en sus contornos, vieron cómo fueron diluyéndose hasta desaparecer por completo. La figura de Aruma se volvió invisible para ellos. Ishaan pegó un grito de terror y se aproximó hacia donde antes estaba Aruma; con sus manos abiertas tanteaba el aire para encontrar a la niña. Desconcertado se sentó en el suelo y escondió su cara entre las piernas. Trató de ahogar su sollozo pero se le escapaba. Se sentía culpable por no haberla protegido. “¿Y si no vuelve? ¿Por qué no hice nada para impedirlo?”, se recriminó así mismo, con amargura.

—¡Vete! ¡Dejame solo! —le ordenó a Eleonor en cuanto oyó sus pasos acercarse a él.

Eleonor salió de la habitación para dejarlo a solas. Se quedó con ganas de consolarlo, de asegurarle que Aruma volvería, que no estaba en peligro. Pero era consciente de que el intento habría sido contraproducente. Tenía que respetarlo y dejarlo a solas con su dolor.

Aruma los oía como un lejano rumor hasta que sus voces se fueron apagando. Su cuerpo se deslizaba como un pez a través de una corriente de luz que deslumbraba sus ojos. No tenía miedo, se sentía segura y radiante de felicidad. No sabía ponerlo en palabras, pero era como si fuera arrastrada a un mundo ya conocido. 

Sin ser consciente del tiempo ni del espacio, su piel empezó a registrar la sensación de la hierba, del rocío fresco del amanecer. Un olor parecido al jazmín, pero más intenso, cosquilleó su nariz. Abrió los ojos y se encontró debajo de un árbol inmenso. “Tiene que ser un baobab. Tengo entendido que son enormes”, se dijo recordando la lectura del principito. 

—Es un Crece-Sueños —le contestó una voz desconocida.

—¿Quién eres? ¡No te veo!

—Perdona, ahora salgo. Tengo que acicalarme un poco. No todos los días aparece una hija de Adán por aquí.

Después de esperar unos instantes, Aruma escuchó el rumor de unas hojas y escudriñó con su mirada la figura que aparecía tras un arbusto.  Era como un enanito, rechoncho y de baja estatura, con una nariz gordita. Le hizo gracia su aspecto y trató de contener la risa, sin mucho éxito.

—¿Ves? Por eso no quería salir —le contestó ofendido.

—No, no es eso, es que eres gracioso —trató de disculparse.

—Estoy hecho a la imagen de tu fantasía —le replicó.

—¿Ah sí? ¿Yo te creé?

—No, tú me moldeaste con tu imaginación. El único que puede crear es el Creador.

—¿Y quién es el Creador? ¿El Universo?

—¿El Universo? —protestó el enanito llevándose las manos a la cabeza— ¡El universo es creación del Creador!

—Pues mi madre siempre está con el Universo en la boca.

—Pues tu madre está confundida y está sirviendo en el bando equivocado.

—¿Quién eres?

—Soy el guardián de tu fantasía. ¿Quieres dar un paseo por aquí?

—Puedo volver las veces que quiera, ¿verdad?

—Así es, igual que viniste puedes volver. ¿Tienes prisas?

—Un amigo mío está preocupado por mí. Me entristece saberlo triste. 

—Un buen amigo, por lo que se ve. Vuelve cuando quieras.

—¿Cómo lo hago?

—Abraza tu árbol y siéntelo en tu corazón. Estarás de vuelta en un instante.

—¿Podría él venir aquí conmigo?

—Ummm, ¿no sabes todavía que para cada niño un libro?

—Sí, pero quiero compartir el mío con él.

—Bueno, ya se verá. Ahora vuelve.

—¡No me has dicho tu nombre todavía! —protestó Aruma.

—Llámame “Abdiel”.

—Adiós, Abdiel, encantada de conocerte.

Aruma se fue hacia el árbol, lo abrazó y deseó con todo su corazón estar de vuelta. Se dejó envolver por una bruma mientras notaba que la corteza del árbol se iba haciendo cada vez más lisa, hasta que se desvaneció. Sintió su cuerpo deslizarse por el espacio con una rapidez que la hacía encoger las mandíbulas. El lloro de Ishaan llegó nítido a sus oídos, abrió sus ojos y lo vió acurrucado justo donde antes estaba ella.

—¡Ishaan! Estoy bien, ¿no me ves?

Ishaan alzó su cabeza y la vio de nuevo. Se secó las lágrimas. Se levantó y con mirada dura le contestó:

—¡No vuelvas a hacer eso nunca más!

Dicho esto, se fue dejando a Aruma a solas. Ella no entendía por qué la había recibido de esa manera. Por qué, en lugar de alegrarse, se había enfadado con ella. Eleonor la tranquilizó y le aseguró que era cuestión de darle un poco de tiempo y dejar que fuese él quien se acercase de nuevo. 

@ana.escritora.terapeuta

Capítulo 1. Encuentro en el parque

Capítulo 2. Eli

Capítulo 3. Ishaam

Capítulo 4. Eleonor

Capítulo 5. A la deriva

Capítulo 6. Ausencias que golpean

Capítulo 7. Creando vínculos

Capítulo 8. El libro lila

Capítulo 9. Revelaciones



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